All this time these twelve thousand years…

Creo que ya pase el punto de no-retorno. Lo veré claro en dos días, un mes mas quizas, pero siendo honesta… Se rompió y ya no hay nada que hacer. Me veo incapaz de seguir con ello sin la fuerza de antaño, de fingir cada mañana y tarde; repetir “todo esta bien” e intentar creermelo ciegamente… ¡que va!

Nunca ha estado bien nada.

Todo siempre estuvo torcido.

Ahora más, sin duda, pero es la continua acumulación de errores. Por eso se ve tan grande y escalofriante. No me importa realmente, porque ya no hay mucho que perder, si es que queda algo…

Si es que queda algo.

No queda nada. Son sólo retazos de ideas, sueños, pensamientos vagos. Pero duele. El dolor es tan profundo, tan agonizante, que no encuentro oda capaz de describirlo. No se con que palabras transmitirlo al mundo, como adornarlo, hacerlo mas comprensible.

Había algo. Ya no lo hay. Desapareció en cuestión de días y ni lo note. Demasiado tarde.

Ahora me agobia el mundo más-allá-de-la-ventana, me es totalmente indiferente el clima, no soporto la mitad de mi biblioteca musical, no quiero ni ver imágenes random de ciertos animes, no puedo jugar dos horas seguidas sin que necesite darme una vuelta por mi casa y respirar. Ya ni siquiera quiero estar frente al ordenador. Prefiero quedarme tirada en cama con mi Nexus (¡bendita sea!) y leer… distopías y no fantasías.

¿Soy la única que nota la desesperación tras tales cambios?

Uno de estos días me levantaré y ya no querré volver a ver anime. Sin más. Me ha faltado cosa de nada para llegar a tal extremo.

¿Quién, qué demonios soy?

No sé. No veo ningún nombre grabado. Ningún tipo de identificación. No vienen letras a mi mente. Quién sabe… ¿acaso importa? No. Importa el miedo, el terror, el odio, la putrefacción que viene con la muerte. El negro silencio, el eco vacío, nada, nada, nunca más, nada, shine, shine, shine…

El Señor de los Mil Rostros esta cerca, acechando cada noche, en todos los rincones. Lo maldigo en voz baja. No es mi favorito, no es mi destino, pero se divierte molestando. No puede tocarme, no puede tocarme, no puede…

Le pertenezco a Morfeo, al Wendigo y a la Llama Imperecedera. ¡Alejate, alejate!

No hay esperanza. La mate, por ser la aterradora plaga que es. Por hacerme ver recordar cosas personas que es mejor mantener muertas. Ya no queda nada. Soy Umi y vi partir a Hikaru y Fuu hace tantos años en direcciones tan alejadas… Y yo también di media vuelta y camine con paso decidido. Me tropecé y caí innumerables veces. Pero seguí caminando.

Y un día, sin más, lo note: no importó cuanto caminé, las cosas no cambiaron. El camino no cambio. La única que había cambiado -desgastandome- era yo.

Gire y corrí hacia el lejano horizonte. Por horas. Por días. Mis piernas fallaron y volví a caer. El paisaje, ¡el maldito camino!, no había variado ni un ápice.

Mordí mis labios. Lo hecho hecho está. No puedo regresar. Nunca más. Nunca más.

Debería gritar, pero sólo me dejo caer al suelo. Los he perdido. Esos días encantados en Cefiro no volverán…

Hay cosas que debí decir, sin duda. Ahora ya no valen de nada, pero…

Pero me falto paciencia y sabiduría, y cada semana me acuerdo de tí, de los demás también pero, sobretodo de ti porque te esfumaste y dejaste mis lecciones por la mitad.

Que cruel fuiste eres. Te he buscado tantas veces en otras manos, en otros rostros y nada. Ni cerca. No está esa chispa de locura inentendible desafiando mi fría lógica. Nunca me han ganado por default, o presentado batalla memorable…

Nadie me ha demostrado mis fallos de esa manera tan categórica tuya. Nunca he vuelto a reír tanto, tan sinceramente. No había trucos sucios.

Nunca he conocido a otro total idiota tan genial como tú.

Ojala el planeta estuviera lleno con gente de tu calaña, así podría tener fe. Sin dudarlo.

Y Fuu… No se que decirte, escribir a tu nombre, que no haya dicho ya alguna vez; cuando el mundo era más sencillo y tu y yo nos pasábamos tardes/noches despotricando contra el. Per sé. Fuiste mi fuerza y mi fortaleza. Y yo a tus ojos una niñata bipolar y malcriada. Pero, vete tu a saber porqué, me soportaste. Aún cuando no entendía nada, aún cuando definitivamente no quería hacerlo. Soy un monstruo comesueños, si bajo de la nube y piso tierra… No es lo mío. Perdoname. No se si alguna tuvo la culpa (yo diría que no), pero de igual forma perdoname por todo, por nada, por lo que sea. ¡Y gracias! ¡MUCHISIMAS GRACIAS!

Me mantuviste aquí y conservaste mi poca humanidad. Si algún día “logro algo” sin duda será tu culpa. Así que lo intentaré, ¿vale? A mi paso de tortuga pero seguiré en ello. Han pasado casi 10 años y la promesa sigue en pie. Ha sido horriblemente difícil pero acá estoy. Observandote a la distancia y soltando alguna risilla.

¿Cómo hemos cambiado eh?

Y pasaran 12 mil años… y yo seguiré amandolos.

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